Hace diez años, la palabra «batería» en una planta industrial evocaba un cuarto de carga con acumuladores de plomo-ácido, una regadera de emergencia y un letrero de «no fumar». Hoy esa misma palabra describe al montacargas que mueve tarimas en el almacén, al vehículo eléctrico del gerente estacionado junto a la nave, al scooter con el que un supervisor recorre el patio, a la estación de carga instalada sin mucha discusión y al sistema de respaldo de energía del cuarto de servidores. El litio entró a las empresas por la puerta del ahorro y la eficiencia, y muy pocas organizaciones se detuvieron a preguntar qué pasa cuando una de esas celdas falla.
De eso trata este episodio del Israel Valdez Podcast. Platiqué con Raúl Espinoza, bombero desde 1990 y especialista en materiales peligrosos desde 2001, quien fue instructor del SERTC(el centro de capacitación de respuesta a emergencias de seguridad y transporte en Estados Unidos) y jefe de personal de su Task Force para Latinoamérica. La conversación la grabamos con Raúl desde Viña del Mar, Chile, y durante casi dos horas recorrimos lo que cambió en 2026 en la respuesta a incendios de baterías de litio, por qué las mantas para vehículos eléctricos pueden generar una deflagración y qué errores se siguen enseñando en los cursos de Hazmat. El título del episodio resume la tesis: sigue la ciencia y sobrevivirás.
Este artículo es un resumen extendido del episodio, con el contexto técnico y normativo que necesitas para llevar estas ideas a tu planta. Lo escribo pensando en directores de planta, responsables de EHS, jefes de brigada y gerentes de recursos humanos que necesitan una sola cosa: que su empresa esté preparada y cumpla con la STPS sin improvisar el día de la inspección… ni el día del incendio.
1. La pregunta que abre todo: ¿qué batería tienes enfrente?
El primer punto que dejamos claro en la conversación es que «batería de litio» no es una sola cosa. En la práctica conviven dos familias con comportamientos muy distintos, y confundirlas es el origen de buena parte de las malas decisiones en la escena.
Baterías de ion-litio
Son las recargables: las de tu celular, tu laptop, los montacargas eléctricos de nueva generación, los vehículos eléctricos, las bicicletas y scooters, y los sistemas de almacenamiento de energía. En ellas el litio no está como metal; viaja en forma de iones entre el ánodo y el cátodo a través de un electrolito, que normalmente es un líquido orgánico inflamable con sales de litio disueltas. Cuando una celda se daña, se sobrecarga o se calienta más allá de cierto punto, entra en fuga térmica( thermal runaway ): una reacción que genera su propio calor, libera gases y contagia a las celdas vecinas. Es un fuego que se alimenta desde adentro.
Baterías de litio metálico
Suelen ser primarias, es decir, no recargables: pilas de botón, baterías de algunos equipos médicos, instrumentos, sensores o dispositivos militares. Contienen litio en estado metálico, un metal alcalino que reacciona con el agua liberando hidrógeno y calor. Aquí la lógica de combate es la de un fuego clase D, con agentes especiales para metales combustibles.
¿Por qué importa tanto la diferencia? Porque la táctica cambia por completo. En un incidente de ion-litio, la evidencia de investigación disponible apunta al enfriamiento sostenido con grandes volúmenes de agua como la herramienta más efectiva para frenar la propagación entre celdas. En un incidente con litio metálico, ese mismo chorro de agua puede empeorar la reacción. El brigadista que no sabe qué tiene enfrente está apostando, y en materiales peligrosos las apuestas se pagan caro.
Antes de elegir el agente extintor, identifica la química. En Hazmat, el «qué es» siempre va antes del «cómo lo apago».
Para una empresa, la consecuencia práctica es inmediata: tu inventario de riesgos debe distinguir qué tipo de batería hay en cada área. No basta con anotar «montacargas eléctricos». Hay que saber la química, la capacidad, dónde se cargan, cuántas hay y quién las maneja. Esa información es la que el brigadista y el cuerpo de bomberos van a necesitar en los primeros minutos.
2. Lo que cambió en 2026: nace la clase L
Durante años, los incendios de baterías de ion-litio se metieron a la fuerza en categorías que no les quedaban. Se trataban como clase A porque la batería contiene sólidos, o como clase C por la energía eléctrica, aunque ninguna de las dos describía bien lo que realmente ocurre adentro de una celda en fuga térmica.
Eso cambió con la revisión de la norma internacional ISO 3941, «Clasificación de fuegos», publicada a inicios de 2026. La nueva edición introdujo la clase L, una categoría dedicada a incendios de celdas y baterías de ion-litio en las que no hay litio metálico. La revisión reemplaza a la edición de 2007 y agrega información de peligros para las distintas clases de fuego. La idea de fondo es reconocer que estos incendios tienen un comportamiento propio: alta densidad de energía, crecimiento rápido del fuego, propagación entre celdas, liberación de gases tóxicos y posibilidad de reignición horas después de que se apagaron las llamas visibles.
Ojo con un matiz importante: la clase L es una clasificación de ISO. En Estados Unidos, la NFPA no ha adoptado esa designación, y en México la NOM-002-STPS-2010 sigue clasificando los fuegos como A, B, C, D y K. Es decir, no existe hoy un «extintor clase L» que la STPS te vaya a pedir.
Pero eso no te exime. La NOM-002 sí te obliga a determinar el riesgo de incendio del centro de trabajo y a contar con medidas de prevención, protección y respuesta acordes a ese riesgo. Si tienes baterías de litio y no aparecen en tu análisis, tu documento está incompleto.
Lo valioso de la clase L, más allá de la etiqueta, es lo que obliga a hacer: los análisis de riesgo de incendio deben identificar explícitamente la presencia, el tipo y la cantidad de baterías de ion-litio, y cómo se almacenan y se cargan. Para quien gestiona seguridad en México, esa es una excelente práctica que se puede adoptar desde hoy aunque la norma nacional todavía no lo exija con esas palabras.
3. Las mantas para vehículos eléctricos y el riesgo oculto
Uno de los momentos más fuertes del episodio fue la discusión sobre las mantas ignífugas para vehículos eléctricos. Durante un tiempo se promovieron como la solución elegante: cubres el vehículo, quitas el oxígeno y el fuego se apaga. Visualmente funciona. El problema es lo que no se ve.
En 2025, el Fire Safety Research Institute (FSRI) de UL Research Institutes y la Fire Protection Research Foundation, filial de investigación de la NFPA, emitieron un aviso de seguridad basado en sus experimentos con vehículos eléctricos en llamas y batería involucrada. Observaron que la manta, efectivamente, eliminaba las llamas al negar oxígeno. Pero la fuga térmica dentro del paquete de baterías continuaba, y la batería seguía liberando gases inflamables que se acumulaban en el volumen bajo la manta. En algunos de los experimentos, esa acumulación representó un riesgo de explosión para el personal que operaba cerca del vehículo.
Dicho en lenguaje de brigada: apagar las llamas no es lo mismo que controlar el incidente. Una batería en fuga térmica es un generador de gases combustibles. Si los encierras sin ventilación ni enfriamiento, construyes una cámara con mezcla inflamable esperando una chispa o una bocanada de oxígeno al levantar la manta. Eso es una deflagración, y ocurre justo donde está parada la gente.
Una manta que apaga la llama pero deja correr la fuga térmica no resolvió el incendio: solo lo escondió.
¿Significa que las mantas no sirven para nada? No es la conclusión. Lo que dice la investigación es que su uso tiene que considerar el riesgo de explosión dentro de los procedimientos y las tácticas, sobre todo cuando hay liberación de gases inflamables. Para una empresa, la lección es otra todavía más básica: no compres equipo de respuesta por catálogo. Cada herramienta que adquieras debe tener un procedimiento escrito, una capacitación práctica y una evaluación de sus limitaciones. Si tu brigada no sabe cuándo no usar la manta, mejor que no la tenga.
4. Más allá del fuego: la exposición química
Otro tema central del episodio es que la exposición química en un evento con baterías de litio va mucho más allá de la flamabilidad. Aquí es donde la mirada de un especialista Hazmat cambia la conversación. Mientras la brigada tradicional piensa en llamas, temperatura y extintores, el especialista en materiales peligrosos piensa en qué está saliendo de esa batería y hacia dónde va.
Una celda de ion-litio en fuga térmica libera una mezcla de gases que puede incluir hidrógeno, monóxido de carbono, dióxido de carbono e hidrocarburos ligeros. Además, muchos electrolitos contienen sales fluoradas que, al descomponerse, pueden generar fluoruro de hidrógeno, un gas tóxico y corrosivo que daña las vías respiratorias y la piel. Esa nube no necesita llamas visibles para ser peligrosa. De hecho, uno de los escenarios más engañosos es la batería que «solo humea»: no hay fuego, nadie se alarma, y la gente se acerca a ver.
La Guía de Respuesta en Caso de Emergencia (GRE/ERG 2024) asigna a las baterías de ion-litio y de ion-sodio la Guía 147, y a los vehículos impulsados por baterías de ion-litio el número ONU 3556. Tenerla a la mano es el mínimo indispensable para cualquier primer respondiente en tu planta. Si quieres repasar cómo se gestiona un incidente de este tipo paso a paso, en el sitio tienes la herramienta de gestión de incidentes con Hazmat.
Esto conecta directamente con obligaciones que ya existen en México. La NOM-010-STPS-2014 trata sobre agentes químicos contaminantes del ambiente laboral; la NOM-018-STPS-2015 exige comunicar los peligros con el Sistema Globalmente Armonizado y contar con hojas de datos de seguridad; y la NOM-017-STPS-2008 te pide seleccionar el equipo de protección personal con base en el riesgo. Una brigada que entra a un humo de baterías sin protección respiratoria adecuada no está siendo valiente, está siendo expuesta.
5. Los errores que se siguen enseñando en Hazmat
La parte más incómoda de la conversación, y probablemente la más útil, fue la revisión de errores que se siguen repitiendo en cursos y en campo. No los menciono para señalar a nadie, sino porque cada uno tiene una corrección sencilla si se vuelve a la ciencia.
- Enseñar recetas en lugar de principios. Memorizar «para tal cosa usa tal agente» funciona hasta que aparece algo que no estaba en la lista. La química de la batería, la fuga térmica y el comportamiento de los gases son los principios que permiten decidir ante lo nuevo.
- Creer que sin llamas no hay peligro. La reignición horas o incluso días después, y la emisión de gases tóxicos sin fuego visible, hacen que el monitoreo posterior sea parte de la respuesta, no un detalle opcional.
- Tratar todas las baterías igual. Ion-litio y litio metálico exigen tácticas opuestas en algunos puntos clave.
- Adoptar equipo sin evidencia. El caso de las mantas muestra que una herramienta puede parecer eficaz y aun así introducir un riesgo nuevo.
- Olvidar que el peligro viaja. El humo de una batería en un almacén cerrado alcanza oficinas, comedores y rutas de evacuación. La zona de aislamiento no se define por dónde está el fuego, sino por hacia dónde va el gas.
- Capacitar una vez y archivar la constancia. Un tema que cambia tan rápido como este, con revisiones normativas e investigaciones nuevas cada año, no se resuelve con un curso de hace cinco años.
Ese último punto es el que más veo en las auditorías. Empresas con la DC-3 en la carpeta pero con brigadistas que nunca han visto cómo se comporta una celda en fuga térmica. La STPS revisa evidencia documental, pero el incendio revisa competencia real.
6. Qué significa todo esto para tu planta en México
Llevemos la conversación a lo que te toca hacer el lunes. Si tu empresa tiene montacargas eléctricos con baterías de litio, flota de vehículos eléctricos, scooters, estaciones de carga o sistemas de respaldo de energía, estas son las obligaciones normativas que se activan y la evidencia que deberías poder mostrar.
| Riesgo | Norma STPS | Evidencia que conviene tener |
|---|---|---|
| Incendio en zona de carga o almacén con baterías | NOM-002-STPS-2010 | Estudio de riesgo de incendio que identifique baterías (tipo, cantidad, ubicación); plan de atención a emergencias; brigadas capacitadas y simulacros. |
| Manejo y almacenamiento de baterías y equipos de carga | NOM-006-STPS-2014 | Procedimientos de manejo, almacenamiento y movimiento de materiales; capacitación de operadores de montacargas. |
| Instalaciones eléctricas de los cargadores | NOM-029-STPS-2011 | Diagrama unifilar actualizado, programa de mantenimiento y procedimientos de seguridad para trabajos eléctricos. |
| Comunicación de peligros de baterías y electrolitos | NOM-018-STPS-2015 | Hojas de datos de seguridad de las baterías, señalización y capacitación con el SGA. |
| Gases tóxicos en caso de fuga térmica | NOM-010-STPS-2014 / NOM-005-STPS-1998 | Análisis de riesgo químico, procedimientos de emergencia por fuga o derrame, ventilación. |
| Protección del personal que responde | NOM-017-STPS-2008 | Análisis de riesgo por puesto y selección de EPP, incluida protección respiratoria para brigadas. |
Nota que en ninguna fila aparece la palabra «litio» dentro del título de la norma. Ese es justamente el punto: la regulación mexicana te obliga a identificar tus riesgos, y el litio es un riesgo que muchas empresas todavía no han puesto en el papel. Cuando el inspector pregunte cómo determinaste el riesgo de incendio de tu almacén y tu documento hable de cartón y tarimas pero no de los quince montacargas que se cargan ahí todas las noches, la observación es casi segura.
Diseño de la zona de carga
Sin entrar en especificaciones de ingeniería, las prácticas que más reducen riesgo son conocidas: cargar en un área definida, con superficie no combustible, separada de materiales combustibles y de las rutas de evacuación; ventilación adecuada; cargadores originales en buen estado; inspección visual de las baterías antes de conectarlas; procedimiento para retirar de servicio una batería golpeada, hinchada o con temperatura anormal; y un acceso despejado para que la brigada o los bomberos puedan aplicar agua en cantidad si llega a ser necesario.
Brigadas que entienden la química
La NOM-002 pide brigadas capacitadas. La pregunta es en qué. Una brigada contra incendios que solo ha practicado con extintores sobre una charola de diésel no está lista para una batería de montacargas en fuga térmica. Vale la pena integrar módulos de materiales peligrosos: identificación con la GRE, zonas de aislamiento, protección respiratoria, enfriamiento y monitoreo posterior. Ese es el enfoque que llevamos en nuestros cursos HAZMAT de respuesta a emergencias con materiales peligrosos.
Simulacros con escenarios reales
La NOM-002 te pide simulacros, y muchas empresas cumplen con el mismo guion de cada año: suena la alarma, la gente sale, se cuenta al personal en el punto de reunión y se llena el formato. Ese ejercicio tiene valor, pero no prueba lo que más importa en un evento con baterías. Diseña al menos un simulacro anual cuyo escenario sea una batería de montacargas que empieza a humear durante la carga nocturna, con poca gente en planta. ¿Quién lo detecta? ¿Quién corta la energía del cargador sin exponerse? ¿Hasta dónde se aísla el área considerando el humo y no solo el fuego? ¿Quién recibe a los bomberos y les entrega la información de las baterías? ¿Quién vigila el equipo durante las horas siguientes por si hay reignición?
Las respuestas a esas preguntas son las que convierten un procedimiento escrito en una capacidad real. Y, de paso, generan la mejor evidencia que puedes mostrar en una inspección: un reporte de simulacro con hallazgos, acciones correctivas y seguimiento. Eso habla de un sistema que funciona, no de una carpeta que se llenó para la visita.
Coordinación con bomberos
Ninguna brigada interna debería pretender resolver sola un incendio grande de baterías. Su misión principal es detectar a tiempo, evacuar, aislar, dar información y, si es seguro, contener. Invita al cuerpo de bomberos de tu municipio a conocer tus zonas de carga antes de que haya un incidente. Diles cuántas baterías tienes y de qué tipo. Esa visita de veinte minutos puede ahorrar mucho tiempo el día de la emergencia.
7. La mentalidad: seguir la ciencia
Si tuviera que resumir el episodio en una idea, sería esta: la respuesta a emergencias con baterías de litio está cambiando más rápido que la mayoría de los programas de capacitación. En pocos años pasamos de tratarlas como un fuego clase A cualquiera, a reconocerlas con una clase propia; de recomendar mantas como solución, a advertir sobre su riesgo de explosión; de pensar solo en el fuego, a entender que el gas puede ser el verdadero enemigo.
Esa velocidad exige humildad profesional. Lo que aprendiste hace cinco años puede estar desactualizado. Lo que te vendió un proveedor puede no estar respaldado por evidencia. La única brújula confiable es la investigación seria y la experiencia de campo bien documentada. Por eso me gustó tanto escuchar a Raúl: tres décadas como bombero y más de veinte años en Hazmat, y la conclusión sigue siendo «sigue la ciencia».
Para las empresas mexicanas, la buena noticia es que todo esto se puede traducir a acciones concretas y a cumplimiento real ante la STPS. Identifica tus baterías, actualiza tu estudio de riesgo de incendio, diseña tus zonas de carga, capacita a tus brigadas en materiales peligrosos y practica con simulacros realistas. No es teoría: es lo que separa una anécdota de una tragedia.
Te recomiendo escuchar el episodio completo, porque hay matices, casos y explicaciones de Raúl que ningún resumen sustituye. Y si después de escucharlo te das cuenta de que tu planta tiene baterías que nadie ha puesto en el análisis de riesgos, ese es el mejor momento para empezar.